Porque nos dan ese empujón que necesitamos para activar nuestras ideas y después poder compartirlas. Porque queríamos escucharlos y porque simplemente teníamos ganas, esta vez tuvimos la suerte de hablar con dos de los integrantes de Jeites, Joaquín del Mundo y Tomas Halbach.

Como hay que reinventarse, tolerarse, volver a mirarse para un mundo ideal, ellos lo escriben, lo cantan, lo comparten, lo hacen y nos lo cuentan: “Jeites es un montón de cosas.  Es lo que tenemos en común, es algo que le ponés tu onda, tu estilo. Una especie de rebusque, una forma de hacer algo de una manera diferente. Puede ser música, tener una banda, escribir una canción que ya está, pero la hacés distinta. Construir tu forma y hacerlo como te parezca. Además nuestra expresión de Jeites va cambiando a lo largo del tiempo, como también nosotros”

¿Cómo era su vida antes y cómo influye  en sus vidas hoy la música y formar una banda?

Joaquín: Antes yo estaba estudiando algunas carreras y la música siempre habitaba, pero después fue mutando. Cuando llega de una manera en la que empezás a abrirte a las personas y también las personas se abren a vos, entrás en una en que el único control de la situación sos vos mismo, o la banda misma.

Después tenés que encontrar horarios: el de trabajo, el de ensayar, llegar puntual, hacer un show decente para la gente que paga una entrada, se nos va planteando así. Influye directamente en que es tu pasión y a su vez debe tener un marco, porque también es un laburo.

¿Qué es la música para ustedes y que influencias musicales tienen?

Tomás: Una muy buena forma para poder expresarnos y comunicarnos a pleno, poder contar un mensaje a través de muchos elementos.

Joaquín: es una fuerza que avasalla, rompe con todo y se va ramificando, y así te llega de cualquier manera. Nuestras influencias son muchas, existe una gran mezcla de todo lo que nos gusta en lo que hacemos, como Bob Marley, Manu Chao, Calamaro, música internacional. A mí por ejemplo, me paso que había escuchado hablar de SUMO, pero recién los descubrí cuando tenía 26 años y ahí fue cuando conocí la historia de Luca. Lo mismo me pasó con Miguel Abuelo, yo había escuchado “Los Abuelos de la Nada” toda la vida, pero en un momento me di cuenta que Miguel era una persona que también manifestaba esa necesidad de estar apasionado, contar lo que le pasaba y por eso lo hacía con una banda.

¿Cómo fue la experiencia de pasar de grabar un disco “casero” a grabar en un estudio?

Joaquín: Cuando estábamos haciendo el primer disquito no nos podíamos imaginar  que luego lo tendríamos en la mano. Nos habíamos juntado un par de veces en un campo durante unas vacaciones de invierno y luego en la casa de cada uno de nosotros. Mientras nos divertíamos y tomábamos algo, íbamos improvisando.

Lo que tiene un estudio es que es mucho más cómodo, los micrófonos son  mejores, tenés personas laburando a tu disposición y te posicionás de otra manera con respecto a eso. Igualmente está buenísimo de las dos formas, disfrutamos lo primero y lo segundo.

Tomás: Con el primero aprendimos a grabar. Por más que lo hicimos de forma amateur, experimentamos cómo era, qué era microfonear, una pista, los volúmenes, los paneos. Lo hicimos todo nosotros y eso nos dio un poco de experiencia. Y luego a la hora de grabar estaba buenísimo que tercerizábamos un par de cosas, pero que ya sabíamos de qué se trataba. Además grabar siempre fue lo que más nos gustó. Empezamos a grabar antes que a tocar, mucho antes de que existiera Jeites.

¿Qué piensan sobre la autogestión?

Joaquín: Creo que es lo único que hay porque aprendés. Tenés que hablar con la gente del boliche sobre cómo son los arreglos, hacer cálculos para cobrar una entrada, poder llegar hasta un  lugar y no irte perdiendo. Es fundamental la autogestión, es una disciplina que se aprende y se disfruta.

¿En este momento viven solo de la música?

Tomas: ¡A veces resistiendo y a veces para adelante!

Joaquín: Sí, estamos en ese momento que nos mantenemos “como ahí”,  caminando en la cuerda floja, pero lo estamos haciendo, entonces es como: ¡Bien, a tirar un poco más y ahora si a volar! En el equilibrio de este camino nadie te dice lo que tenés que hacer, tenés que ir armándolo vos, entonces tenés que hacer el aguante. Además, todos tenemos necesidades distintas y las mismas, entonces hay que tratar de ayudar al de al lado.

¿Cómo llegan a conocerse con otras bandas? ¿Qué comparten? ¿Qué se enseñan? Por ejemplo., ahora vienen del Viaje de la Isoca con El Plan de la Mariposa…

Joaquín: Con los chicos del Plan nos cruzamos justamente en la ruta tocando. Ellos son de Necochea y la mitad de nuestra banda también. Nos conocimos en Arenas Verdes, que es del Partido de Lobería. Cuando los escuché y los vi tocar re contra “flashé” de entrada, como les pasa a todas las personas que ven por primera vez al Plan de la Mariposa. Nos empezamos a arrimar, primero a los shows y después comenzamos a  entrar en contacto con ellos.

Cuando querés acordar, tenés una banda amiga que aporta a tu sueño y vos también aportás al sueño de ellos, y eso tiene una energía de equipo muy fuerte para todo lo que necesitás. Para hacer revolución también necesitás eso y gente que esté dispuesta a hacer cosas. Es la música que te une y la admiración que sentís de un proyecto a otro. Somos uno, hablamos de lo mismo, queremos las mismas cosas y hacemos la misma fuerza.

¿En qué se inspiran para componer?

Joaquín: Y… “ponele”, estar en Bariloche en invierno, arriba de una montaña me ha hecho escribir canciones, pensar en un viaje con mis amigos, me pone en un estado de excitación que me hace escribir. Un estado de tristeza también, el amor, la naturaleza, el hombre y las cagadas que se manda. Cosas que pasan y vos querés hacer algo al respecto y lo único que podes hacer es escribir una canción. Hay unos quilombos enormes, como puede ser la mega minería. A mí me dan ganas de ponerme delante de la grúa, pero la grúa es como un edifico de cuatro pisos y vos querés igual estar parado delante de ese edificio, entonces eso lo puedo hacer a través de una canción.

Cuando no está involucrada la emoción es difícil poder escribir algo que después tengas ganas de cantar y volver a cantar.

Como “todos los caminos conducen a Jeites”, el nuestro también. En una de sus páginas ellos escriben que su ubicación actual es el mundo, nos alegramos porque compartimos el mismo, y gracias a eso nos cruzamos por este sendero.

Vienen de un viaje muy copado, siempre tocan en distintos lugares, andan de acá para allá constantemente,  ¿Dónde encuentran un lugar y se sienten cómodos?

Tomás: Al principio nos identificó un montón que la gente no sabía bien de donde éramos: si éramos de acá, de Buenos Aires, de Necochea o de Mar del Plata, y eso estuvo bueno porque nos sentíamos locales en todos estos lugares.

Joaquín: Es como que vamos a través de la canción. De alguna manera llegamos acá y a ustedes, y es así es como se despliegan las puntas y las energías.  Arrancó desde Mar del Plata y Necochea, después nos fuimos abriendo porque nos vinimos a estudiar a Buenos aires y La Plata, donde hay muchos estudiantes de otros lugares que luego se van para sus hogares, así la música y nosotros vamos detrás.

Acá  en La Plata debutó Jeites cuando estábamos nosotros dos (Joaquín y Tomás), es un lugar que queremos mucho, después Mar del Plata es donde vive mi familia, también nos encanta. Necochea también queremos mucho porque es donde vive la familia de Tomi y venimos de ahí, y Buenos Aires es donde vivimos. Pero bueno la intención es que Jeites pueda ser del mundo, de América, de cualquier país. Que sea como un instrumento de paz.

Para terminar y dejarlos libres para romperla en el escenario, elegimos una pregunta que nos sugestiona y nos resulta de las más interesantes para saber “cómo sigue la cosa” y por qué camino continúan en la travesía fascinante que es la música. Todo lo que les viene pasando, el crecimiento copado, los viajes que van saliendo… ¿Cómo manejan esto de “qué es lo que se viene”, cuáles son las expectativas?

Joaquín: Siempre pasan cosas que no podés predecir. Hoy por ejemplo, que vamos a tocar otra vez en La Plata en un lugar diferente. Acá siempre tocamos en lugares muy alternativos…Y pensás: “otra vez en La Plata”, ¡y no!, porque vos llegas acá y algo va a pasar, algo que nadie sabe. El futuro viene y ya está, esto ya está pasando. Es por eso que queremos tratar de vibrar como bien real. Obviamente que sí proyectamos. Ahora por ejemplo, estamos grabando un disco…planeamos para poder tocar, pero hay que tratar de vivir el hoy. Y yendo por este camino, a medida que vaya pasando el tiempo esperamos ser mejores personas y músicos posibles, tratar de no destruir. Tratar de estar bien y mantenerse ahí, dar siempre una imagen buena y positiva.

 


Por Tomás Barbieri y Lucila Defferrari